El Blok 61 se alza en la avenida Solidarności, en el corazón del barrio de Praga Północna, como uno más entre los edificios de hormigón gris que definen la Varsovia de posguerra. Nadie le prestaría atención si no fuera por el detalle que desconcertó a sus habitantes desde su inauguración en 1974: el ascensor, un artefacto soviético de acero macizo, posee un botón para el piso 13 que ningún residente ha conseguido alcanzar jamás.

La historia oficial cuenta que fue un error de construcción, una redundancia del plano original que nadie se molestó en corregir. Los administradores del edificio —y ha habido varios desde entonces— siempre ofrecieron la misma explicación evasiva: "Es un botón inactivo. Parte de un diseño abandonado." Pero los inquilinos saben que algo no cierra. El edificio tiene exactamente doce pisos. No hay trece. Sin embargo, cuando alguien presiona ese botón, el ascensor ronronea, asciende durante varios segundos más de lo que debería, y luego desciende nuevamente, sin abrir las puertas. Algunos juraron haberlo visto detenerse, apenas un instante, en una posición imposible entre el piso 12 y la azotea.

En 1987, un ingeniero llamado Marek Nowak llegó al edificio con intención de resolver el misterio. Llevaba documentación de los planos originales bajo el brazo y la determinación de alguien que creía en lo racional. Pasó una noche entera en el sótano, revisando los sistemas eléctricos. Según su informe, todo era coherente: los cables del ascensor tenían capacidad para trece niveles, aunque el edificio careciera de estructura arquitectónica para ello. Cuando le preguntaron por qué, simplemente respondió: "Porque alguien lo planeó así." No volvió a mencionar el tema. Meses después se mudó a otra ciudad.

La inquietud persiste

Lo que persiste es la inquietud. Los nuevos inquilinos siempre descubren el botón 13 por casualidad, y siempre reciben las mismas respuestas vagas de los administradores. Algunos, los más curiosos, han intentado seguir el ascensor desde el exterior, colocándose en las ventanas del piso 12 para observar si sube más allá. Ninguno ha reportado nada concluyente. El edificio es opaco en esa zona; las ventanas de servicio están selladas con ladrillos desde hace años.

En 2019, una estudiante de arquitectura de la Universidad de Varsovia presentó una tesis especulativa sobre el Blok 61. Su conclusión fue perturbadora pero lógica: los planos soviéticos a menudo incluían espacios adicionales nunca construidos, destinados a usos que el gobierno no documentaba públicamente. Bunkers, cámaras de vigilancia, áreas de cuarentena. El piso 13 podría ser un fantasma administrativo: previsto, cableado, pero nunca materializado en ladrillos y concreto. O quizá sí lo fue, y simplemente nadie lo sabe. El edificio guarda sus secretos detrás de su fachada de hormigón, y el ascensor sigue ascendiendo en la oscuridad, hacia un destino que no existe en los mapas.