En octubre de 2019, los residentes del barrio de Staré Mesto, el casco antiguo de Bratislava, notaron algo inquietante: las ventanas del número 47 de la calle Michalská, un edificio de cinco plantas con fachada de yeso desconchado que data del siglo XVIII, habían sido cubiertas con papel negro desde el interior. Por tres meses, nadie entró ni salió. Los vecinos reportaron ruidos nocturnos —cantos monótonos, pisadas rítmicas— pero la puerta principal, custodiada por una cadena herrumbrosa, permanecía cerrada al mundo exterior.

La Policía de Bratislava intervino el 12 de enero de 2020 tras la denuncia de una madre desesperada cuya hija de veintitrés años no regresaba a casa desde hacía cuatro meses. Lo que hallaron fue inquietante pero no delictivo en sentido tradicional: un sótano dividido en celdas pequeñas, paredes decoradas con símbolos pintados en rojo oscuro, y docenas de diarios manuscritos en eslóvaco. El grupo se llamaba a sí mismo Deti Odrazu —Los Hijos del Reflejo—. Su líder, Vladimír Kováč, de cuarenta y seis años, había desaparecido precisamente el día anterior a la redada.

El enigma sin resolver

Según los diarios incautados y los testimonios de los catorce miembros hallados en el inmueble (desnutridos pero sin signos de violencia física), Kováč proclamaba que los espejos eran portales a un mundo paralelo donde la humanidad podía "rectificarse". Había convencido a sus seguidores de que el tránsito requería un período de purificación: aislamiento sensorial, ayuno progresivo y meditación frente a espejos recubiertos con tinta roja. Los registros mostraban que Kováč desapareció durante una sesión nocturna, dejando una nota de una sola línea: "He cruzado. El reflejo me ha llamado a casa". Los investigadores hallaron en su habitación un espejo roto en el suelo, vidrio esparcido en patrón circular, como si hubiera sido golpeado desde adentro.

La búsqueda de Kováč se extendió durante meses en Bratislava —drenaron partes del Danubio cercano, rastrearon líneas de tren hacia Viena y Hungría, investigaron conexiones familiares—, pero nunca fue localizado. Más perturbador aún: en febrero de 2020, tres de los miembros liberados desaparecieron de sus domicilios. Sus familias encontraron espejos rotos en sus habitaciones, siempre con la misma disposición en espiral. Las autoridades eslovacas mantienen el caso abierto, clasificado como "desapariciones múltiples con posible suicidio pactado", aunque la falta de cuerpos ha impedido una conclusión definitiva.

Hoy el edificio en Michalská permanece clausurado, propiedad del municipio. Los viajeros del tranvía número 4, que pasa frente a sus ventanas tapiadas, reportan ocasionalmente que la cadena de la puerta principal se balancea en noches sin viento. En los foros de internet eslovacos, teorías conspirativas persisten: algunos insisten en que Kováč nunca fue humano, sino una entidad que habitaba los espejos de ciudades. Otros creen que sus seguidores lograron cruzar, y que sus desapariciones fueron un éxito.