Desde hace más de treinta años, entre los habitantes de un edificio de principios de siglo ubicado en la zona de Belgrano, Buenos Aires, persiste una leyenda que ha trascendido las conversaciones de portería y llegado a formar parte del folclore barrial. Se trata del ascensor que se detiene en un piso que no existe: el piso 13. Aunque la estructura edilicia oficial cuenta con catorce niveles —sin contar el sótano donde funcionan las cocheras—, los registros de catastro municipal y las memorias descriptivas del inmueble nunca mencionaron un piso 13. Sin embargo, los registros de mantenimiento del ascensor, documentos amarillentos que reposan en las manos del consorcio, indican paradas mecánicas que corresponderían a esa altura fantasmal.
Los primeros reportes documentados datan de 1994, cuando una residente de larga data mencionó ante otros vecinos haber presenciado cómo las puertas del ascensor se abrían entre el piso doce y el catorce, revelando un espacio iluminado por una luz verdosa que no provenía de ninguna fuente identificable. Desde entonces, docenas de testimonios anónimos comenzaron a circular. Algunos aseguraban haber visto figuras espectrales en los pasillos de ese nivel inexistente; otros reportaban que sus mascotas se negaban a entrar al ascensor en ciertos horarios, olfateando el aire con ansiedad. Un portero que trabajó en el edificio durante quince años relató, antes de abandonar su puesto sin aviso previo, que había escuchado pasos y voces que provenían del ducto del ascensor a la altura donde teóricamente no había nada. Su registro de entrada menciona únicamente la palabra "investigué" garabateada en el margen.
El Expediente Sin Cerrar
Lo que convierte esta leyenda urbana en algo particularmente inquietante es la documentación parcial que respalda algunos aspectos de la historia. Los planos arquitectónicos originales del edificio, construido en 1927, presentan inconsistencias notables. Una línea de lápiz, apenas visible, traza lo que parece ser un piso adicional entre los niveles doce y catorce. Algunos investigadores aficionados han especulado que durante la época de la posguerra, cuando se instaló el ascensor moderno en reemplazo del sistema de poleas anterior, los trabajadores podrían haber sellado un nivel completo, ya fuera por razones estructurales o, según susurran los más supersticiosos, para ocultar algo que no debería ser encontrado. Un técnico en mantenimiento de ascensores contactado bajo anonimato para esta crónica confirmó que es "técnicamente anómalo" que un sistema registre paradas que no corresponden a pisos reales, a menos que haya sido programado deliberadamente para hacerlo.
Hoy, el edificio sigue en pie. Sus fachadas de ornamentación art decó se mantienen intactas, aunque algunos sostienen que el nivel de deterioro aceleró después de que circularan las historias del piso 13. Los nuevos residentes raramente permanecen más de dos años. El consorcio mantiene un silencio oficialista sobre el asunto, aunque en las actas de asambleas de años anteriores aparecen moción rechazadas para "realizar inspecciones exhaustivas de los ductos". El ascensor continúa funcionando. Y continúa deteniéndose en un lugar que, según todos los documentos, no debería existir.