El edificio Noor se alza en el distrito de Business Bay como miles de otros rascacielos de Dubái, pero guarda un secreto que sus empleados solo susurran en los pasillos. Construido en 2009, durante el apogeo de la especulación inmobiliaria, el edificio fue diseñado originalmente con 45 pisos. Sin embargo, razones que nunca fueron públicamente explicadas —acaso problemas estructurales, acaso decisiones financieras de último momento— dejaron incompleta su construcción en el piso 42. Los tres últimos niveles jamás fueron terminados. A pesar de esto, uno de los seis ascensores principales del edificio sigue deteniendo su marcha en la decimotercera planta de forma intermitente, sin que nadie haya presionado ese botón.

Los trabajadores de las oficinas inferiores comenzaron a reportar el fenómeno hace aproximadamente ocho años. El ascensor de la esquina sureste —el que da directamente al corredor principal donde está la recepción— se abriría en la decimotercera planta durante segundos, solo lo suficiente para que los pasajeros vieran la negrura más allá del umbral, seguida por un sonido metálico prolongado, casi como un lamento. Una asistente administrativa llamada Layla describió en un foro anónimo de trabajadores de Dubái que el olor que emanaba era inconfundible: "como óxido viejo mezclado con algo que no puedo describir. Algo que no debería estar ahí." Otras personas reportaron escuchar voces durante esas paradas, aunque ninguno logró identificar el idioma.

La Investigación Fallida

En 2022, la administración del edificio Noor contrató a técnicos de mantenimiento de una empresa internacional para revisar los sistemas de control del ascensor. Los reportes técnicos fueron vagos: "funcionamiento anómalo sin causa aparente" fue lo más que los ingenieros pudieron concluir. Sugirieron reemplazar la unidad de control del piso 13 en el panel de botones, pero después de hacerlo, la parada continuó ocurriendo. Un empleado de seguridad que prefirió no revelar su identidad contó a un periodista de investigación que después de la revisión técnica, las paradas comenzaron a ser más frecuentes. Ahora suceden al menos tres o cuatro veces por semana.

Lo que alimenta el misterio es que en los pisos superiores —donde los niveles 43, 44 y 45 quedan como esqueletos de hormigón y acero—, trabajadores de mantenimiento han reportado sonidos de maquinaria funcionando en la penumbra durante las noches. El piso 13, según los planos originales disponibles en archivos municipales, debería haber sido solo un nivel de instalaciones técnicas, un espacio sin oficinas. Pero nadie ha ingresado allí deliberadamente en años. El ascensor que se detiene en esa nada, ese vacío sellado entre pisos, permanece como una grieta en la lógica de un edificio que nunca fue completamente lo que se suponía sería. Y cada vez que sus puertas se abren en la oscuridad, alguien en Business Bay sostiene la respiración y espera que se cierren nuevamente.