El puente de Khaju ha sido testigo de siglos de vida en Isfahán. Construido en el siglo XVII sobre las aguas del río Zayandeh, sus arcos de piedra y sus galerías decoradas lo convierten en uno de los monumentos más hermosos de Persia. Durante el día, es un lugar de encuentro: vendedores ambulantes ofrecen té y pastelillos, parejas pasean entre sus columnas, y turistas capturan la puesta de sol reflejada en el agua. Pero cuando la medianoche toca las campanas del reloj cercano en la Plaza Naqsh-e Jahan, algo cambia. Los locales cruzan apresuradamente, sin mirar atrás. Los forasteros que ignoran la advertencia nunca olvidan lo que sucede en la mitad del puente.
La leyenda comenzó hace aproximadamente treinta años, aunque algunos ancianos insisten que es mucho más antigua. Un taxista que trabajaba en el bazar del Bazaar-e Bozorg fue el primero en reportar el fenómeno: escuchó pasos sincronizados siguiendo el ritmo de los suyos mientras cruzaba alrededor de la 1 a.m. Aceleró el paso. Los pasos también se aceleraron. Se detuvo. El silencio fue absoluto, pero sintió una presencia inmóvil detrás de él. Cuando giró para mirar, no había nadie. Desde entonces, decenas de personas han compartido relatos similares: pasos que acompañan, respiraciones en la oscuridad, y siempre, el mismo desenlace: la ausencia de explicación racional.
El expediente sin resolver
Lo peculiar es que ninguna desaparición ha sido formalmente registrada en conexión con el puente de Khaju después de medianoche. Sin embargo, los registros informales de la comunidad local documentan al menos quince casos en los últimos dos décadas de personas que cruzaron y llegaron al otro lado profundamente alteradas, incapaces de describir qué experimentaron. Un estudiante de la Universidad de Isfahán reportó haber visto su propia sombra caminando tres pasos adelante, independientemente de dónde estuviera la luz. Una mujer jura que durante su cruce escuchó voces en una lengua que no reconocía, susurrando desde debajo del agua.
Los guardias nocturnos del sitio histórico niegan cualquier anomalía. Pero ni un solo guardia acepta trabajar turnos después de medianoche. Los que lo hicieron brevemente reportaron una caída abrupta de temperatura en el centro del puente, incluso durante los sofocantes veranos de Isfahán. Algunos susurran que el río Zayandeh, que alguna vez fue abundante pero ahora corre escasamente, guarda resentimiento por los siglos de tráfico que interrumpieron su flujo. Otros hablan de una mujer que se ahogó durante el reinado de la dinastía Safávida, alguien cuyo nombre fue olvidado, cuya historia fue borrada. Tal vez ella simplemente no quiere estar sola en la oscuridad.
Hoy, si caminas por Isfahán después del atardecer y observas el puente de Khaju desde la orilla, verás gente apresurándose. Nadie se detiene. Nadie mira hacia atrás. Y si alguna vez sientes la tentación de cruzar cuando las campanas marcan las doce, escucha bien: los pasos que oyes después podrían no ser los tuyos.