El edificio Daugavpils 14 se alza como muchos otros en Riga: un monolito de hormigón armado de nueve pisos, con ventanas pequeñas y una fachada gris que ha visto pasar décadas sin cambios notables. Está ubicado en Zolitude, uno de los barrios obreros más antiguos de la capital letona, a pocas cuadras del río Gauja. Los que lo conocen lo llaman simplemente "el bloque", como decenas de construcciones idénticas que rodean la zona. Pero desde hace treinta años, al menos, existe una anomalía que ningún ingeniero ha podido explicar del todo.

El ascensor central del edificio, un cilindro metálico oxidado que cruje al ascender, se detiene en diez niveles según los botones pulsadores. Sin embargo, entre el sexto y el octavo piso existe lo que los residentes denominan "el piso 7 que no existe". Los inquilinos más antiguos aseguran que los obreros que construyeron el edificio en 1974 cometieron un error en la estructura: saltaron un nivel completo en los planos. Pero los que han presionado el botón 7 reportan algo distinto: el ascensor sí se detiene, la puerta se abre hacia un pasillo que ninguno reconoce, y luego se cierra automáticamente tras unos segundos, continuando su marcha.

Las Puertas que se Cierran Solas

Kristine Liepina, quien vivió en el apartamento 6-B durante diecinueve años hasta 2018, fue una de las pocas que documentó sus observaciones. En un cuaderno ahora perdido, según testimonios de su hijo, describía que el ascensor emitía un sonido distinto al llegar al "piso fantasma": un zumbido grave que hacía vibrar las paredes. Otras voces, más recientes, sostienen haber visto por una fracción de segundo un corredor vacío con puertas sin números, iluminado por un fluorescente que parpadeaba. Un conductor de los tranvías de Riga que frecuenta la zona comentó a un reportero local (sin permitir que se publicara su nombre) que varios vecinos bajaron de la línea 4 en la parada de Zolitude y mencionaban que sus hijos habían "explorado el piso 7" durante años, como un juego, pero que ninguno podía describir con claridad qué había visto.

Las autoridades municipales nunca confirmaron existencia alguna de irregularidades estructurales. Los registros de construcción del edificio desaparecieron durante la transición de Letonia a la independencia en 1990, según documentos de archivo. El último ingeniero que revisó el ascensor en 2015 solicitó que se clausurara el botón 7, pero la solicitud fue rechazada por razones administrativas. Hoy, el botón sigue allí, desgastado por miles de dedos, brillando ligeramente en la penumbra del ascensor metálico.

Los residentes actuales evitan presionarlo. En las tardes, cuando el sol desaparece detrás de los edificios vecinos y Zolitude se sume en esa oscuridad particular del norte europeo, el ascensor permanece quieto en el vestíbulo. Pero si alguien lo llama desde los pisos superiores, emite ese sonido grave, baja lentamente, y sus puertas se cierran con un chasquido definitivo. Algunos juraron escuchar, antes de que se cerraran, pasos en el piso 7.