El Sanatorio Beridze se alza entre los barrios industriales del norte de Tbilisi, a apenas tres kilómetros de la estación de tranvía de Gldani, aunque pareciera existir en otra dimensión temporal. Construido en 1967 durante la era soviética, la institución fue cerrada abruptamente en 2003 tras un escándalo administrativo que las autoridades locales nunca aclaró completamente. Desde entonces, sus muros de hormigón gris permanecen sellados, pero sus misterios permanecen bien vivos en las leyendas urbanas que circulan entre los jóvenes de la capital georgiana.

Lo que distingue a este lugar de otros hospitales abandonados no es simplemente el deterioro o el silencio sepulcral que lo envuelve. Son los pasillos. Visitantes que han penetrado la estructura —a través de ventanas rotas o compuertas corroídas— reportan un fenómeno recurrente: una luminiscencia verdosa que flota a través de los corredores del ala norte, especialmente entre las 2 y las 4 de la madrugada. No proviene de ventanas, no hay fuente eléctrica activa, no hay hongos bioluminiscentes documentados en esa región. La luz simplemente existe, moviéndose lentamente de una habitación a otra, como si algo invisible caminara llevando una linterna invisible.

Testigos y Expediente

Un grupo de exploradores urbanos georgiano, que prefiere mantenerse anónimo, documentó en 2019 lo que llamó "El Corredor 4-B". Según sus registros escritos (que circulan en foros especializados), la luz en esa sección específica es tan intensa que proyecta sombras nítidas en las paredes, pero ningún objeto físico puede identificarse como su origen. Las fotografías tomadas muestran una neblina luminosa que los equipos de luz infrarroja no logran captar completamente. Un investigador afirmó que su brújula se comportaba erráticamente dentro del edificio, y sus baterías —nuevas— se agotaron en minutos.

Los registros médicos que aún existen —archivados en la municipalidad de Tbilisi pero de acceso restringido— mencionan que el Sanatorio Beridze especializaba en tratamientos experimentales durante sus últimos años de operación. Algunos pacientes nunca fueron dados de alta. La explicación oficial fue que fueron transferidos, pero no existen registros de esa transferencia. Los lugareños hablan de una "tragedia nocturna" en el invierno de 2002, apenas meses antes del cierre definitivo. Nunca se conocieron detalles públicos.

Hoy, el Sanatorio Beridze permanece cerrado con cadenas oxidadas y carteles de "Prohibido el Paso" que nadie respeta. Los pasillos de luz propia continúan su danza silenciosa en la oscuridad georgiana, esperando a los curiosos que se atrevan a cruzar sus umbrales. Y cada madrugada, en ese corredor del norte, alguien jura haber escuchado pasos que no dejaban huellas en el polvo.