La Avenida Nizami es la arteria peatonal más concurrida de Bakú, donde los turistas y locales se mezclan entre tiendas de lujo y fachadas históricas del Bakú viejo. Nadie esperaba encontrar nada más que escombros cuando la constructora demolió el club Karakol en octubre de 2019, un lugar que había permanecido cerrado desde 2015 tras una serie de "incidentes no especificados" que los dueños nunca quisieron aclarar. El sótano, sin embargo, revelaría un secreto que nadie estaba preparado para enfrentar.

Los obreros reportaron símbolos grabados meticulosamente en las paredes de piedra del nivel más profundo del edificio: una serie de círculos concéntricos que rodeaban figuras geométricas imposibles, inscripciones que parecían mezclar alfabetos conocidos con caracteres que no correspondían a ninguna lengua documentada. Lo perturbador no era solo la presencia de estas marcas, sino su disposición ritual. Un pentágono invertido, cuidadosamente trazado, ocupaba la pared oriental. En el centro del sótano, donde debería haber habido un piso de cemento común, descubrieron una depresión circular de aproximadamente un metro de diámetro, como si algo hubiera sido extraído—o enterrado—años atrás. Las autoridades locales, discretamente, ordenaron fotografiar el sitio y luego proceder con la demolición.

La historia que nadie contaba

Investigaciones posteriores revelaron que Karakol había operado como un club de élite privado durante la década de 1990, después de la independencia de Azerbaiyán. Sus propietarios nunca aparecían públicamente; la membresía era por invitación exclusiva, y los clientes raramente hablaban sobre qué sucedía dentro. Un taxista jubilado de Bakú, que durante años transportó pasajeros hacia el lugar después de la medianoche, recordó en una entrevista anónima: "La gente entraba sonriendo. Salía diferente. Nunca supe qué veían allá abajo, pero los ojos les cambiaban". El club cerró abruptamente en 2015 después de que una joven, cuya identidad nunca fue revelada públicamente, desapareciera dentro de sus muros. La policía investigó brevemente y el caso fue archivado sin explicación alguna.

Los símbolos del sótano fueron documentados en un expediente que permanece bajo custodia en las autoridades de Bakú, inaccesible para investigadores independientes. Algunos estudiosos de rituales urbanos especulan sobre conexiones con prácticas ocultistas que habrían florecido en los años de transición post-soviética, cuando las fronteras entre lo permitido y lo prohibido se tornaron borrosas. Otros sugieren explicaciones menos tranquilizadoras: que los símbolos representaban un lenguaje de iniciación, un código que los miembros de Karakol utilizaban para comunicarse más allá del alcance de palabras convencionales. La verdad, como sucede con los misterios que residen bajo las ciudades cosmopolitas como Bakú, permanece enterrada—quizás literalmente—en ese sótano que ya no existe.