El Hotel Celestial lleva más de ciento treinta años en pie en la plaza de la Старé Město, ese corazón medieval de Praga donde los adoquines aún guardan historias de imperios olvidados. Su fachada de piedra arenisca, erosionada por los siglos, se alza entre las torres del Reloj Astronómico como un testigo silencioso de transformaciones que nadie entiende del todo. Los turistas que descienden del tranvía número 17 raras veces lo notan; los que lo hacen, suelen arrepentirse.
La leyenda de la Habitación 237B comenzó a circular entre los empleados del hotel alrededor de 1987, cuando una mucama llamada Petra Svobodová desapareció mientras limpiaba las habitaciones del tercer piso. Lo extraño no fue su desaparición, sino dónde ocurrió: según su turno registrado, estaba limpiando la zona entre la 237A y la 238, un espacio que los arquitectos del hotel nunca explicaron. Los planos históricos del Celestial, conservados en los archivos municipales de Praga, muestran un pasillo que va directamente de la 237A a la 238. No hay 237B. O al menos, no debería haberla.
Desde entonces, los reportes se multiplicaron. Huéspedes que juraban haber entrado por una puerta entre las habitaciones 237 y 238, donde sus tarjetas magnéticas funcionaban pero ningún empleado podía localizarlos. Algunos reaparecieron horas después en el vestíbulo, confundidos, sin recuerdo claro de qué había sucedido. Otros fueron encontrados en pisos completamente diferentes, asustados, sus pertenencias intactas pero sus relojes detenidos en la misma hora exacta: las 3:47 de la madrugada. Un periodista checo que investigó el caso en 2003 reportó haber visto, desde la calle, una ventana encendida en lo que debería ser un espacio vacío entre columnas de piedra. Cuando revisó sus fotografías después, la ventana no aparecía en ninguna.
El Expediente sin Cierre
La dirección del hotel mantiene una postura ambigua. Reconocen que ha habido "irregularidades" en algunos reportes de huéspedes, pero niegan la existencia de la habitación 237B. Sin embargo, empleados actuales confiesan en susurros que ciertos sectores del tercer piso generan interferencias en los sistemas de control de acceso, y que evitan trabajar allí después del anochecer. Un portero jubilado, entrevistado hace poco, mencionó que una vez vio a un hombre salir de esa puerta inexistente portando un uniforme de camarero de los años treinta, aunque el hotel jamás empleó a nadie con esa descripción. El hombre desapareció entre el pasillo y la escalera.
Hoy, la Habitación 237B sigue sin figurar en los planos, pero su puerta—según quienes la buscan deliberadamente—permanece accesible para aquellos que suben al tercer piso del Hotel Celestial en horarios específicos. Los lugareños aconsejan a los turistas que no la abran. Los que lo han hecho rara vez cuentan la misma historia dos veces.