La avenida Štúrova atraviesa el casco antiguo de Bratislava como una cicatriz de hormigón y acero. Allí se alza el edificio Merkur, una torre de oficinas de 15 pisos cuya fachada de vidrio oscuro refleja un cielo que parece estar siempre nublado. Fue construido en 1978 como símbolo de modernidad durante los últimos años del régimen comunista, pero su ocupación nunca fue completa. Después de 1989, cuando los cambios políticos reorganizaron las prioridades inmobiliarias, el edificio quedó progresivamente vacío. Hoy, tres décadas después, permanece clausurado por orden municipal. Las ventanas están selladas con tablones. Los accesos, acordonados con cadenas. Pero cada noche, cuando los tranvías número 4 y 7 dejan de circular por la avenida, algo continúa transmitiendo desde el interior.

Todo comenzó en 1994, según el registro de denuncias del ayuntamiento local. Un electricista que trabajaba en edificios cercanos reportó captar una señal de radio en la frecuencia 87.3 FM proveniente de Merkur. No era música. Era una voz, grave y monótona, que recitaba números en listas interminables: fechas, coordenadas, códigos que no correspondían a ningún sistema conocido. Otros residentes del barrio confirmaron el fenómeno. Algunos aseguraban escuchar, entre los números, fragmentos de conversaciones en idiomas extintos o desconocidos. La transmisión duraba exactamente tres horas cada noche, de las 22:00 a las 01:00. Luego, silencio completo hasta la siguiente madrugada.

Las autoridades investigaron formalmente solo una vez, en 1996. Un equipo de técnicos accedió al edificio —violentando los sellos— y encontró una radio antigua, un modelo Philips de los años 60, conectada a una batería que debería haber agotado su carga hace casi dos décadas. No había documentos, no había muebles, no había rastro humano alguno. La radio estaba encendida. Cuando la apagaron, se encendió de nuevo por sí sola. El informe oficial concluyó que era un problema de cableado heredado de la era soviética, un bucle electromagnético sin explicación técnica. Sellaron el edificio nuevamente y cerraron la investigación.

El enigma persiste

Desde entonces, nadie volvió a entrar oficialmente en Merkur. Pero la transmisión nunca cesó. Estudiantes universitarios de la cercana Facultad de Artes han intentado capturar las emisiones con equipos modernos, documentando patrones que desafían análisis convencional: la señal atraviesa los muros como si no existieran, se amplifica en momentos aleatorios y, ocasionalmente, parece responder a las preguntas que se le formulan desde la calle. Una noche de octubre de 2019, un periodista local afirmó haber escuchado, entre los números, su propio nombre completo. Nunca publicó el artículo.

Hoy, más de 30 años después del primer avistamiento, el edificio Merkur sigue en pie. Los turistas que pasean por Staré Mesto raramente lo notan; es solo otra ruina abandonada en una ciudad donde la arquitectura del pasado convive incómoda con la del presente. Pero a medianoche, cuando la avenida Štúrova queda vacía y los tranvías duermen en sus garajes, la frecuencia 87.3 vuelve a activarse. La voz regresa. Y los números continúan siendo contados, noche tras noche, por una presencia que nadie puede explicar ni, aparentemente, detener.