En octubre de 2019, trabajadores de mantenimiento de la red de agua potable de Bakú perforaban bajo la histórica Avenida Nizami, la principal vía comercial del casco antiguo de la ciudad, cuando sus herramientas atravesaron una capa de hormigón que no figuraba en los planos oficiales. Lo que encontraron detrás fue una estancia de aproximadamente cuatro metros cuadrados, completamente clausurada, cuya entrada había sido sellada con ladrillos y argamasa hacía más de treinta años. Las autoridades municipales nunca habían registrado su existencia.
El interior presentaba un cuadro que desconciertó a los investigadores locales. Sobre un altar de piedra tosca reposaban treinta y siete velas de cera de distintos tamaños, todas ellas consumidas hasta un tercio de su altura original. Alrededor del espacio, las paredes exhibían símbolos inscritos con tinta roja que ningún académico de la Universidad Estatal de Bakú pudo atribuir con certeza a ninguna tradición religiosa conocida de la región. Algunos fragmentos parecían cirílicos corrupto; otros, deliberadamente abstractos o perturbadores. En la esquina noreste, una vasija de cerámica contenía restos de lo que análisis posteriores identificaron como huesos calcinados de pequeños roedores.
El rastro interrumpido
Los registros históricos de la ciudad indican que esa zona del subsuelo estuvo bajo control del Ministerio del Interior soviético entre 1978 y 1991. Varios residentes ancianos del barrio Icherisheher recordaban haber escuchado, durante la década de 1980, rumores sobre un grupo de estudiantes universitarios que practicaba "ceremonias nocturnas" en espacios no autorizados de la ciudad. Uno de los testimonios más específicos provenía de un vigilante jubilado que afirmó haber visto, en 1987, a seis personas descender hacia sótanos cercanos entre medianoche y las dos de la mañana, transportando bolsas con contenidos desconocidos. Tras la caída de la Unión Soviética y la independencia azerbayana en 1991, aquella actividad cesó abruptamente, y la zona fue sellada sin explicaciones formales.
Las autoridades de Bakú descartaron públicamente la hipótesis de un culto organizado, atribuyendo el hallazgo a "prácticas de ocultismo juvenil sin mayor relevancia criminal". Sin embargo, los documentos internos de la policía local sugieren una investigación más profunda y reservada. El hecho de que la cámara permaneciera intacta, sin signos de disturbio posterior a su clausura, indica que quien selló aquella puerta tenía acceso oficial y autoridad para hacerlo. Las velas, extrañamente, no presentaban polvo significativo en su superficie exterior, lo que plantea una pregunta inquietante: ¿fue visitada la cripta después de ser sellada?
Hoy, el espacio ha sido desmantelado y catalogado como "anomalía arquitectónica de origen indeterminado". Las velas fueron incinerades en un procedimiento rutinario. Pero para quienes frecuentan los cafeterías de la Avenida Nizami al atardecer, persiste una sensación incómoda cada vez que el tráfico peatonal pasa sobre aquella sección del pavimento. Algunos juran haber percibido, en noches particularmente silenciosas, el tenue aroma a cera quemada emanando de las grietas en la calzada.