Ámsterdam es una ciudad de canales, bicicletas y secretos. Bajo sus aguas corren túneles que nadie visita voluntariamente. El más infame es el paso subterráneo de Bleecker, una vía de apenas dos cuadras construida en 1987 para conectar la orilla norte con el centro sin competir con el tráfico de tranvías. Los lugareños lo evitan. Los turistas no saben que existe. Y aquellos que lo cruzan lo hacen rápido, con la cabeza baja.
La noche del 14 de marzo de 2019, un ingeniero de software llamado Marcus V. tomó su bicicleta de ruta roja desde su apartamento en el barrio de Noord. Según su compañera, tenía una cita con amigos en el Jordaan. El túnel de Bleecker era su ruta habitual: cinco minutos pedaleando, quizá seis si los semáforos lo detenían. Él llevaba un rastreador GPS integrado en su smartwatch, un dispositivo que registraba cada movimiento. A las 19:43, su teléfono envió la última señal de ubicación desde la entrada del túnel. A las 19:57, sus amigos recibieron un mensaje suyo diciéndoles que llegaba en diez minutos. Nunca llegó.
Lo que sucedió durante esos catorce minutos permanece sin explicación. La policía de Ámsterdam revisó las cámaras de seguridad. Hay dos instaladas en el túnel, colocadas en 2015 tras una serie de robos a ciclistas. Las grabaciones muestran a Marcus entrando a las 19:44 en su bicicleta roja. Las cámaras registraron cada segundo hasta las 19:57. Nunca lo capturaron saliendo. No hay imagen de él bajando de la bicicleta, no hay rastro de un accidente, no hay señal de que haya interactuado con otra persona. Simplemente, desapareció entre fotogramas, como si los segundos del túnel funcionaran en una dimensión ligeramente diferente a la del mundo exterior.
El misterio sin cierre
La bicicleta roja fue encontrada tres días después, flotando en el canal Ij, a dos kilómetros del túnel. No llevaba daños visibles. Faltaban las luces. El rastreador GPS había dejado de emitir señal exactamente en el kilómetro 1.3 del túnel, a mitad del camino. Los buzos drenaron secciones del túnel y encontraron lodo, tuberías viejas y residuos de décadas. Nada más.
Marcus V. nunca fue encontrado. Su caso se clasificó como desaparición, no como homicidio, porque no hay evidencia de violencia. La policía sugirió que tal vez saltó del túnel hacia el canal, aunque esto no explicaría cómo su bicicleta llegó tan lejos, ni por qué sus amigos recibieron un mensaje de él después de su desaparición. Algunos residentes de Noord susurran que el túnel de Bleecker es un lugar donde las cosas se pierden. No solo bicicletas. Personas que cruzan demasiado lentamente, que se detienen para atarse los cordones, que exhalan aire muy profundamente. El túnel, dicen, selecciona a sus pasajeros. Otros simplemente creen que Ámsterdam guarda secretos bajo sus aguas que ni siquiera sus canales pueden revelar.