La noche del 14 de octubre de 2019, Kerem y Deniz entraron juntos al Espejo Nocturno, una discoteca ubicada en una callejuela sinuosa del barrio de Beyoğlu, en Estambul. El lugar era conocido entre los jóvenes de la ciudad por sus espejos que cubrían cada superficie: paredes, techos, rincones. Los propietarios aseguraban que la decoración evocaba los antiguos hammam otomanos, reconvertidos en templos del hedonismo moderno. Pocos sabían que décadas atrás, ese mismo edificio de cinco pisos había funcionado como pensión para trabajadores migrantes. Algunos huéspedes simplemente desaparecían. La leyenda local lo llamaba "la casa de los reflejos perdidos", aunque nadie sabía exactamente por qué.
Alrededor de las 2:30 de la madrugada, después de horas bailando, Kerem decidió salir a fumar al patio trasero del local. Era un espacio pequeño y destartalado, accesible por un pasillo estrecho repleto de espejos rotos y cristales pegados en las paredes. Deniz dijo que lo esperaría en la pista principal, cerca de la barra. Kerem nunca regresó. Treinta minutos después, preocupado por la tardanza, él bajó a buscarla. La encontró aún en la pista, pero Deniz no tenía memoria de los últimos veinte minutos. Decía sentir como si hubiera estado en otro lugar, aunque nunca se había movido del mismo sitio. Su descripción era confusa: hablaba de pasillos que no existían en el mapa del local, de espejos que la devolvían su reflejo pero deformado, de caras conocidas que aparecían y desaparecían.
El laberinto sin salida
Cuando Kerem intentó regresar por el mismo camino hacia el patio, el pasillo había desaparecido. El personal del Espejo Nocturno insistía en que no había "pasillo trasero de cristales rotos"—ese espacio no existía en los planos del edificio. Los registros muestran que el patio trasero está sellado desde 1987, tras un incendio que cobró tres vidas. Sin embargo, Kerem juró haber caminado por allí minutos antes. Los testigos confirmaron que lo vieron salir hacia ese lado del local. Nadie lo vio regresar. La policía de Estambul abrió una investigación, pero los vídeos de seguridad mostraban anomalías: Kerem aparecía en la grabación del patio, caminando hacia la derecha, y luego la cámara se desvanecía en blanco durante exactamente cuatro minutos. Cuando la imagen volvía, él no estaba.
Kerem nunca fue encontrado. Deniz pasó seis meses en tratamiento psiquiátrico, traumatizada por la pérdida y confundida por sus propios recuerdos rotos de esa noche. Eventualmente se mudó de Estambul. El Espejo Nocturno cerró sus puertas tres semanas después de la desaparición, pero reabrió bajo otro nombre seis meses más tarde. Los trabajadores reportan que el nuevo dueño nunca permitió que se tocaran los espejos; algunos permanecen deliberadamente sucios, cubiertos con papel. Los clientes que buscaban diversión terminaban huyendo del lugar, incómodos por una sensación indescriptible: la impresión de que alguien los observaba desde los reflejos, alguien que no era exactamente ellos mismos.