El 14 de marzo de 2019, a las 22:47, la estación de Hongik University en la Línea 2 del metro de Seúl experimentó un apagón de 43 segundos. No fue anunciado. No figuró en los reportes oficiales. Pero dieciocho pasajeros vieron algo en esa oscuridad que ninguno olvidaría jamás.
Según los testimonios dispersos en foros anónimos coreanos y en mensajes privados compartidos años después, cuando las luces regresaron, una figura se movía entre los vagones. No era humana, dijeron. Los relatos coincidían en detalles imposibles de coordinar: una complexión alargada, articulaciones que se doblaban en direcciones que desafiaban la anatomía, y una textura que parecía cambiar bajo la luz fluorescente del tren. Un pasajero describió "piel de insecto mojado". Otro simplemente escribió: "No tiene cabeza donde debería tenerlo". Nadie grabó video. Los teléfonos, dijeron todos, dejaron de funcionar durante esos segundos cruciales.
El expediente incómodo
La empresa operadora del metro de Seúl nunca confirmó el apagón. Cuando una universidad local intentó contactarlos para una investigación académica sobre seguridad en transporte, recibió una respuesta genérica: "No hay registro de incidentes en esa fecha y estación". Sin embargo, dos trabajadores de mantenimiento que estaban de turno esa noche jamás volvieron a sus puestos. Sus expedientes fueron sellados. En Hongik University, un barrio conocido por su vida estudiantil y galerías de arte, corría el rumor de que ambos hombres habían pedido transferencias a otras líneas mediante canales informales, sin llenar formularios, sin explicaciones.
Lo más perturbador llegó semanas después. Los pasajeros que intentaron acceder a las grabaciones de seguridad de esa noche descubrieron que el sistema de cámaras de Hongik University había sido "actualizado" justo al día siguiente. Los archivos anteriores fueron borrados como parte de "mantenimiento rutinario". La coincidencia era tan evidente que algunos registros de internet fueron eliminados de ciertos foros, aunque el contenido ya había sido capturado y reposteado en plataformas más pequeñas y menos monitoreadas.
Hoy, casi cinco años después, pasajeros ocasionales reportan una sensación extraña al esperar en el andén de Hongik University durante las horas nocturnas. Describen un frío localizado, un sonido que no es exactamente un sonido (más bien la ausencia de ruido donde debería haberlo), y ocasionalmente, la certeza absoluta de que algo grande y delgado se mueve dentro de los túneles oscuros entre estaciones. La empresa nunca ha respondido a estos reportes. No porque los niegue: porque simplemente no los recibe. O, al menos, eso es lo que afirman quienes intentaron presentarlos.
El Line 2 sigue funcionando normalmente. Miles de personas lo usan cada día. Pero en Hongik University, algunos evitan los horarios nocturnos. Y los que no tienen opción mantienen los ojos fijos en sus teléfonos, evitando mirar hacia los túneles cuando las puertas se abren.