La madrugada del 14 de septiembre de 2019, Marcus V. y Elena R. entraron juntos a Brouwers, una discoteca ubicada en Warmoesstraat, en el corazón del Barrio Rojo de Ámsterdam. Ambos tenían 27 años, trabajaban en la misma agencia de seguros en el distrito de Zuidas, y llevaban saliendo ocho meses. Amigos que los acompañaban esa noche recordarían después que la pareja se veía radiante, disfrutando de la música techno que bombardeaba la pista. Alrededor de las 3:45 de la madrugada, Marcus fue al baño. Elena se quedó bailando con dos amigas. Cuando él regresó diez minutos después, ella había desaparecido.
Lo que debería haber sido un simple "nos separamos, nos buscamos en la calle" se convirtió en algo profundamente perturbador. Marcus salió del local por la puerta principal a las 4:12, según las cámaras de seguridad del edificio. Caminó hacia el canal, esperó veinte minutos, y cuando ella no apareció, volvió a entrar. Las amigas de Elena confirmaron que la habían visto hace poco más de una hora. Ninguna vio hacia dónde se dirigía. El personal del club aseguró que no la vieron partir. Las cámaras de vigilancia de Warmoesstraat no mostraban a una mujer que coincidiera con su descripción saliendo del local en las horas posteriores.
El vacío sin explicación
La policía de Ámsterdam abrió una investigación formal 48 horas después, cuando la familia de Elena reportó su desaparición. El teléfono móvil de la joven fue rastreado hasta las 4:33 de esa madrugada en un punto a 600 metros de Brouwers, cerca de la estación Central de Ámsterdam. Luego, se apagó. Marcus fue interrogado durante ocho horas. No había cámaras que lo mostraran en la zona donde el teléfono de Elena fue localizado por última vez. Los buzos rastrearon el Amstel sin hallazgos. Se especuló sobre rapto, sobre una salida espontánea, sobre amnesia inducida por drogas (aunque el análisis toxicológico posterior a su reportación de desaparición no encontró sustancias anómalas en su sistema cuando fue hallado...)cuando fue hallada.
Porque Elena fue encontrada. Tres días después, en un hotel abandonado en el distrito de Oost-Amsterdam, semiconsciente en una habitación del tercer piso, sin recordar cómo llegó allí. No sabía qué hora era. No sabía cuánto tiempo había transcurrido. Decía fragmentos en holandés que no hablaba fluidamente. Sus pertenencias desaparecidas nunca fueron ubicadas. Marcus, cuando se reunió con ella en el hospital, no fue capaz de explicar el abismo que se había abierto entre ellos en esas setenta y dos horas. Ella no lo reconocía al principio.
Oficialmente, el caso fue cerrado como "desaparición voluntaria con amnesia temporal inducida por sustancias no identificadas". Pero Marcus y Elena nunca volvieron a verse. Ella se mudó a Rotterdam. Él desapareció de los registros públicos hace dos años. Y en Warmoesstraat, algunos trabajadores nocturnos de los locales aún hablan de esa noche, de cómo es posible que alguien simplemente se evapore en medio de cientos de personas, y que una vez encontrada, sea como si hubiera regresado de un lugar que nadie en la tierra puede nombrar.