La Torre de Televisión Ostankino se alza sobre Moscú como un monumento de acero y hormigón, visible desde casi cualquier punto de la ciudad. Con más de 500 metros de altura, ha sido testigo de décadas de historias; pero pocas tan perturbadoras como la de Dmitri Volkov, vigilante nocturno que entró a trabajar el 15 de marzo de 2019 y nunca volvió a salir.
Volkov llevaba ocho años en el turno de madrugada, cuidando los pasillos subterráneos y las plantas técnicas de la torre. Sus colegas lo describían como metódico, silencioso, de esos hombres que cumplen sus rutinas sin dramatismos. Esa noche, fichó su entrada a las 22:15 en el sistema biométrico del sótano 3, como hacía cada turno. Sus compañeros lo vieron pasar por la sala de control hacia las 23:30, llevando su termo de té y su libreta de rondas. Luego, nada más. A las 6:00 de la mañana, cuando debía ficharse la salida, su lector dactilar no registró presencia alguna.
La búsqueda
Lo que siguió fue un despliegue de seguridad sin precedentes. La administración de la torre selló todas las salidas. Perros amaestrados recorrieron cada rincón: las cámaras de máquinas, los conductos de ventilación, las plantas de transmisión, incluso la antena más alta. Los rescatistas revisaron metros de tuberías, armarios técnicos olvidados, espacios muertos entre paredes. Nada. La tarjeta de acceso de Dmitri nunca fue registrada saliendo por ninguna puerta. Su uniforme, su termo, su libreta, su teléfono móvil: desaparecidos. Como si simplemente se hubiera disuelto en el aire enrarecido de esos pasillos.
Los investigadores encontraron detalles perturbadores en los registros de vigilancia. En el sector de la planta 12 —zona de transmisoras históricas, cerrada al público desde 1995— las cámaras mostraban a Volkov ingresando a las 00:47. Pero después, la grabación presentaba interrupciones de tres minutos, un glitch que el técnico de sistemas juró no era posible en ese equipo. Cuando la grabación reanudaba, Dmitri no aparecía en pantalla. Nunca más.
La Torre Ostankino sigue transmitiendo televisión a toda Moscú. Miles de moscovitas pasan bajo su sombra cada día en el metro Komsomolskaya, los trolebuses de la Avenida Prospekt Mira. Pero entre los trabajadores de la torre persiste una superstición: algunos dicen que en las noches de niebla densa, cuando la visibilidad llega hasta el piso 30, se escuchan pasos en la planta 12. Pasos que no corresponden a nadie registrado. La familia de Dmitri nunca tuvo respuesta oficial. Su caso quedó clasificado. Y su tarjeta de acceso sigue en los archivos de seguridad: perfectamente válida, como si su dueño simplemente estuviera en una pausa muy, muy larga.