En las noches de abril de 2019, los operadores de radio de Colombo comenzaron a recibir llamadas extrañas. Una voz andrógina, con acento indefinido, anunciaba con frialdad clínica la hora exacta en que caería la energía eléctrica de sectores enteros de la ciudad. Los primeros apagones fueron descartados como coincidencia; la fragilidad de la red eléctrica de Sri Lanka era legendaria. Pero cuando la tercera predicción se cumplió con una precisión de tres minutos, las redacciones de los periódicos matutinos comenzaron a especular. ¿Quién tenía acceso a información tan privilegiada? ¿Un insider de la compañía eléctrica? ¿Un activista con conexiones en el sector? Nadie lo sabía.

Las llamadas continuaron durante dieciocho meses. Siempre llegaban entre las 17:00 y las 19:00, horarios en que el tráfico de vehículos de tres ruedas en Colombo alcanzaba su caos máximo, cuando miles de personas regresaban de sus trabajos en los edificios de oficinas del Colombo Fort. La voz nunca se presentaba, nunca aceptaba preguntas. Colgaba después de transmitir la información: día, hora, zona afectada, duración estimada del corte. La precisión fue desconcertante. En dieciséis de diecinueve ocasiones, los apagones ocurrieron dentro de un margen de error menor a cinco minutos. El último se produjo en una noche de agosto de 2021, cuando la voz predijo un corte de dieciséis horas en los barrios de Cinnamon Gardens y Kollupitiya. Esa noche, exactamente a las 22:47, la ciudad se sumió en la oscuridad.

El silencio después

Tras ese apagón, las llamadas cesaron. Completamente. Las autoridades de la Corporación de Electricidad de Sri Lanka iniciaron investigaciones que llegaron a callejones sin salida. No había registros de filtraciones internas. Los análisis de telecomunicaciones revelaron que las llamadas provenían de números distintos cada vez, muchos de ellos desactivados minutos después de cada contacto. Un analista forense sugirió que la voz podría haber sido procesada sintéticamente, aunque la tecnología de 2019 en Colombo hacía esa hipótesis más ciencia ficción que realidad investigativa.

Lo que nunca se explicó fue la motivación. No había demandas políticas, no había reivindicaciones, no había eco de mensajes ideológicos. Era como si alguien, o algo, estuviera simplemente documentando el colapso de la infraestructura urbana de Colombo con la precisión de un cronista invisible. Algunos periodistas sugirieron que se trataba de un experimento psicológico. Otros, más especulativos, propusieron la intervención de agencias de inteligencia extranjera. Pero la mayoría de los investigadores que trabajaron en el expediente llegó a una conclusión inquietante: quien hacía esas llamadas conocía los sistemas de energía de Colombo mejor que los propios ingenieros que los operaban.

Hoy, años después, cuando las luces parpadean durante los apagones programados que aún asolan la ciudad, algunos residentes de Cinnamon Gardens aún encienden sus radios a la espera de una voz que, probablemente, nunca volverá. Pero la pregunta persiste en los pasillos de la Corporación de Electricidad y en las mentes de quienes vivieron esas noches: ¿quién hablaba? Y más perturbador aún: ¿por qué paró?